Ven ya, Adrián
Hace ya varios días que mi amolcito me insiste para que escriba algo nuevo para la web de morulita.
La verdad es que no escribo nada más bien por pereza que por falta de tiempo, porque como sabéis llevamos en casa algunas semanas. En ese tiempo me dedico a dormir hasta bien entrada la mañana para tener fuerzas para el momento del parto y, sobre todo, para el después (que todos coinciden que es lo peor).
Ojalá que Adrián sea un niño tranquilito y no nos dé muy malas noches. Yo siempre me lo imagino tan tranquilo como su padre. El resto del tiempo me dedico a dar largos paseos por las mañanas y por las tardes escuchando la cadena Ser e imaginando si por fin hoy será el día en que nuestro bebé quiera venir a nuestras vidas.
La verdad es que estos últimos días se están haciendo un poco largos, pero .........
El jueves, si Adrián no ha nacido, tenemos cita en las consultas externas del Virgen Rocío para comprobar que todo sigue bien. Yo estoy muy tranquila porque el embarazo siempre ha ido bien y estoy convencida que el parto también irá perfecto. A lo único que podría tener miedo es al dolor, pero como me es desconocido tampoco estoy intranquila. Espero poder mantener la calma hasta última hora porque dicen que es lo mejor para soportar el dolor y para ayudar al niño en este momento tan decisivo.
El fin de semana pasado tuve una noche de insomnio. Como no podía dormir me levanté a eso de las 5:00 de la madrugada y me puse a leer. Es la primera vez que no tengo sueño, porque otras veces he tenido episodios de insomnio pero estaba realmente cansada y con ganas de dormir. Aproveche esa noche para terminar un libro que me regaló la futura abuela de Adrián. Se llama Tiempo de Espera, de Carmen Riera. Este libro es una especie de diario del segundo embarazo de la autora y se lo recomiendo a todo el mundo. Está repleto de reflexiones y, sobre todo, de emociones. Creo que no hay mejor manera de cerrar esta contribución a la web de morulita que con el final de este libro. Yo no pude contener las lágrimas:
Durante nueve meses te he acogido, te he nutrido, te he sentido, te he acariciado, te he hablado e incluso te he escrito. Todo mi yo, vísceras, músculos, sangre, humores, intuición, sensibilidad, inteligencia, han estado pendientes de ti. Contigo y para ti he ido transformándome. Ahora, sin embargo, parece que el momento de decirnos adiós ha llegado.
Pronto tendremos que separarnos. Mi matriz empezará a contraerse para expulsarte y tú también harás todo lo posible para abandonarme. Durante unas horas, espero que escasas, lucharemos para desasirnos. Enseguida que salgas, enseguida que la comadrona corte el cordón, te acogeré en mis brazos. Mis brazos nunca dejarán jamás de cobijarte.
Bueno Adrián, que sepas que todos te estamos esperando. Tú papá está muy impaciente porque también está deseando de verte la carita y tenerte entre sus brazos, y todo el mundo pregunta por ti. Todo está preparado desde hace tiempo para tu llegada. ¿Será hoy por fin el día en que decidas conocer a tus padres?


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