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miércoles, enero 18, 2006

Otra aportación de Altura

En esta ocasión es Carlos Colón el que se asoma por el Blog de Morulito.
En muchas ocasiones no comparto las opiniones de Carlos Colón en su columna del Diario de Sevilla. Pero en esta ocasión me viene al pelo.


Radical y absoluta

NO hay responsabilidad mayor que la de ser padre o madre. Ni un jefe de Estado o un presidente del Gobierno de quienes dependan el bienestar y la seguridad de una nación, ni un militar de cuyas decisiones dependa la vida o la muerte de sus hombres o un cirujano ante una mesa de operaciones, ni un empresario del que dependan miles de empleados o un piloto de avión del que dependan el pasaje y la tripulación, nadie tiene contraída una relación de responsabilidad que se pueda siquiera comparar a la de unos padres. Porque de la relación establecida entre los pueblos, los soldados, los pacientes, los trabajadores o los pasajeros y los políticos, militares, médicos, empresarios o pilotos dependen su bienestar o su seguridad, su vida o su muerte, pero no su misma existencia. Serán responsables de las condiciones o hasta del final de esa existencia, pero no de la existencia misma. Ésta es otorgada por los padres que, al engendrarlos, llaman a sus hijos de la nada al ser. Se trata de algo tan radical y absoluto que funda una responsabilidad igualmente radical y absoluta.

Las madres antiguas lo expresaban a su manera diciendo que un hijo era una enfermedad de nueve meses con una convalecencia de una vida. Enfermedad y convalecencia no tenían para ellas un sentido negativo, pero sí restrictivo. Tener un hijo es aceptar muchas restricciones. Humanamente liberadoras y enriquecedoras, como todas las que nos hacen responsables de los otros, pero restricciones al fin y al cabo. La conquista de la paternidad no sólo efectiva sino también afectiva por parte de los padres, dejando atrás los roles convencionales que reservaban el cuidado, la intimidad y la ternura para con los hijos a las madres, los ha hecho corresponsables de esa enfermedad y de esa convalecencia que obliga a vivir en función de otro, sobre todo cuando no puede valerse físicamente o decidir responsablemente por sí mismo.

Por ser una restricción aceptada en función del bienestar de otro, los hijos son a veces la única oportunidad que da la vida a los egoístas para que, siquiera por esa forma de egoísmo compartido que es el amor reservado sólo a los consanguíneos, se ocupen de alguien que no sean ellos mismos. Hay quien aprovecha esta oportunidad y aprende a amar a los otros a través del amor que siente por sus hijos. Hay quien no la aprovecha y los quiere egoístamente, utilizándolos como armas contra sus ex parejas o como coartadas en guerras de familia. Y hay quien ni tan siquiera los quiere con esa exigencia total y esa responsabilidad absoluta a las que obliga haberles traído de la nada al ser. En este caso puede llegar a perder todo derecho sobre ellos, entregándose los hijos a quienes sí estén dispuestos a luchar, incluso contra ellos mismos si fuera necesario, para atenderlos amorosamente. Legislar y decidir sobre estas cuestiones es difícil y delicado, pero necesario.

Carlos Colón

P.D. Sólo queda un día para la FPP. La cosa está que arde.

2 Comments:

Blogger Jaime said...

Cuando veáis esto ya será el día D. Os deseo la mejor de las venturas: que J. Adrián nazca sanote y guapo, que Ana lo pase lo menos mal posible y que ambos estén bien y alegres en su casa cuanto antes.
José Enrique: ánimo y fuerza que la necesitas para ellos.

4:27 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

FPP: nerviosos estamos y esperamos noticias.

cuidaos mucho los tres :-)

f

6:49 a. m.  

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