Lilypie Baby Ticker

viernes, diciembre 02, 2005

Ay que susto!!!!!

Hace un par de semanas nos fuimos a Madrid en nuestro último viaje de jóvenes independientes sin niños. Yo estaba muy feliz de recorrer los rincones de Madrid que tanto me gustan y que hacía años había visitado con José Enrique. Paseamos por la Plaza Mayor y nos comimos nuestro tradicional bocata de calamares, probamos las patatas bravas de la zona (por cierto, las de La Manchega están mucho mejor) y paseamos por el centro, Chuecas, Serrano, etc. Yo me encuentro muy ágil, a pesar de la barriguita, así que no paramos de andar de un lado para otro.

El sábado fue un día demasiado intenso pues estuvimos todo el día en la calle sin parar. Con tanto jaleo sólo sentía a Adrián cuando me sentaba a tomar algo para recuperar fuerzas, porque mientras yo ando de un lado para otro, él no se mueve.

El domingo decidimos ir al rastro y aprovechamos para hacer algunas compras de navidad en un centro comercial que había en la zona. Entre las muchas cosas que compramos, encontramos en Madrid algunos adornos para la habitación de Adrián que ya veréis. Pues tan felices y contentos nos fuimos de camino al hotel para descansar, si bien paramos antes a comer.

Durante la comida José Enrique y yo charlamos sobre la manifestación del día anterior y otras muchas cosas. En la comida Adrián no se movió ni una sola vez, pero yo no estaba pendiente de él. La conversación con su papá me absorbía. Fue justo después, cuando caminábamos hacía hotel cuando me empecé a preocupar porque desde el desayuno no había notado moverse a Adrián.

Nunca me había pasado esto. El siempre se mueve después de cada comida, incluso después de beber agua. Cada minuto que pasaba me agobiaba más y más y sólo tenía ganas de llorar porque pensaba que algo malo le había pasado a Adrián. Caminé todo el rato en silencio, sería y aguantando las lágrimas porque no quería preocupar a José Enrique, pero cuando llegamos a la habitación del hotel no pude disimular ni un minuto más. Me senté en la cama con la intención de relajarme y poder notar el movimiento de Adrián, pero no se movía.

Entonces empecé a llorar y a contarle a José Enrique todos mis miedos. Miedos, que por supuesto, eran mayores al encontrarnos en Madrid y no en Sevilla. La verdad es que José Enrique no perdió los nervios ni un momento. Creo que me vio tan mal, que pensó que no podía mostrar ni por un segundo su preocupación y desasosiego. Sólo me dio ánimos y consiguió que me relajara.

Bebí mucha agua, y a los diez minutos, Adrián empezó a moverse. Nunca antes he contado las veces que se mueve mi bebe al cabo del día, pero en esa ocasión sí lo hice. Quería sentir que estaba vivo, que seguía esperando en mi vientre el momento de nacer y formar parte de la vida de sus padres. No pude dormir ni un minuto. Sólo quería sentirlo. Fueron unos momentos muy difíciles y aún ahora me entran ganas de llorar cuando lo recuerdo. Menos mal que todo se quedó en un susto.

Siempre he querido a Adrián, pero en aquel momento que empezó a darme patadas en la habitación 606, fui plenamente consciente de ese sentimiento que todos los padres describen y que sólo se experimenta cuando llega el momento. Adrián aún no ha nacido, ese momento aún no ha llegado, pero su padre y yo empezamos a quererlo desde que sólo era un deseo. Ahora que Adrián es y será vida nosotros lo queremos y querremos siempre.